El bien y el mal

Es de todos sabido que en nuestro mundo, donde vivimos, co-existen bien y mal. Ambos fueron creados por Dios, según explica la Biblia, tras el pecado original. O, para ser más exactos, aunque el mal ya existía en niveles inferiores, no formaba parte del Gan Eden o mundo del paraíso donde fueron creados Adam, el primer hombre, y Javá, la primera mujer.

Lo que trajo consigo el tan traído y llevado pecado original no fue más que el deseo de la primera pareja humana de querer conocer todo, tanto el bien como el mal, para después elegir entre ellos. Querían ser libres para decidir qué hacer con su vida, máxime sabiendo que era una vida eterna, en esta versión inicial, pues la muerte no existía.

A esto se llama en kabalá el árbol del conocimiento del Bien y del Mal, de donde Eva comió la manzana que luego dio a probar a Adán. Frente al Árbol de la Vida de la Kabalá, que explica el mundo sin necesidad del mal.

Porque el ser humano en la Tierra tiene libre albedrío- esa es la premisa de este mundo – esto es, puede elegir en su vida entre el bien y el mal. De lo que se trata es de elegir el bien y descartar el mal. La cuestión es discernir dónde está cada cual.

En el mundo del Gan Eden – que sigue existiendo si bien en otra dimensión, la que pertenece a la sefirá 3 Bina y que está oculto a nuestros ojos porque está detrás de la Parshá, horizonte o línea imaginaria que separa los mundos Superiores y los hace invisibles para nosotros – en ese mundo de Arriba, todo es perfecto. Cada uno responde al propósito para el que fue creado y refleja la Luz exactamente en el color para el que fue diseñado. No hay conflictos, no hay envidias, no hay abusos; y, por supuesto, los recursos no son un problema porque cada uno tiene lo que necesita y lo que desea.

En realidad en los mundos de Arriba, donde no hay materia, los deseos se satisfacen de forma inmediata.

¿Por qué Adam y Javá decidieron bajar a otro estadio inferior, al mundo material, y conocer también el mal y tener que trabajar, aún a sabiendas de que Arriba iban a disfrutar de una vida idílica? Hay muchas razones para haberlo hecho y son múltiples las que dan los kabalistas, pero adelanto una, la que cita Albert Gozlan en alguno de sus vídeos, que hace el simil con la obtención de un título universitario. Uno siente gran satisfacción cuando lo obtiene después de años de estudio y de esfuerzo. Pero si el título te lo regalan, como a algunos políticos, la satisfacción no es la misma, porque no has hecho nada para merecerlo.

Lo mismo pasa con el Paraíso: está muy bien que nos lo regalen, pero mejor sabrá llegar a él después de haber pasado por las tribulaciones del planeta Tierra.

Así que volveremos al Gan Eden al final de los tiempos, pero antes, tendremos que aprender unas cuantas lecciones en este planeta, que no es más que un campo de pruebas para conseguir que nuestras almas sean cada vez más bellas.

Poco importa lo que consigas en el mundo material, nadie te va a valorar por eso ahi Arriba. Lo que importa es que tu Luz sea cada vez más pura, más alta. Es la elevación espiritual el único objetivo de todo este sistema y el amor a los demás.

Porque en la elevación, los grados más altos pertenecen al nivel colectivo, a esos que trascienden el mundo individual o personal y buscan el interés general.

Si a lo largo de los siglos en los que ha tenido lugar el desarrollo de la humanidad, la iluminación sólo podía conseguirse a título individual – a través, por ejemplo, de las prácticas kabalísticas – ahora, en el tramo final de la historia de la creación adámica, la elevación debe ser colectiva. No basta con que uno alcance la santidad o perfección; es preciso que contribuya a la perfección de la humanidad y a su elevación total.

De ahí que las puertas de la Kabalá se hayan abierto al mundo entero y, lo que siempre fue un saber esotérico u oculto, sea ahora difundido a través de Internet para el conocimiento general.

La misión de cada uno en las experiencias concretas que nos toca vivir es elegir el bien antes que el mal. Y eso significa dejar nuestro egoísmo atrás y empezar a adquirir el deseo de otorgar. Ya que el atributo de otorgamiento es el único que Dios tiene. Y es el que, a nosotros, nos toca desarrollar.

La Kabalá explica como hacerlo y configura la mente para que, el ser humano, comience a pensar en otros términos, con parámetros distintos a los habituales; porque, con el estudio, empieza a tomar conciencia de la incidencia de los mundos invisibles en el mundo físico.

En realidad, el mal, es sólo la falta de Luz. Es la oscuridad. Y el estudio de la Kabalá va impregnando de luz al que se adentra en ella, a la vez que comienza a discernir entre el bien y el mal con más claridad.

A falta de estudio de kabalá, uno deberá aprender experimentando. Y ello conlleva trabajos y esfuerzos. Y dolores y sufrimientos. Cuando uno comienza a estudiar kabalá, parte del aprendizaje se hace con el estudio y el camino se dulcifica. Uno, de forma natural, va corrigiendo sus defectos y comportamientos egoístas y no hacen falta tantos eventos negativos para reconducirnos a la vía correcta.

Y cuando uno no estudia kabalá queda, simplemente, sujeto a las energías astrológicas, que son una noria sujeta al karma que nos lleva arriba y abajo, de una experiencia a otra, para que nos pulamos y aprendamos. Hablaremos de ellas en próxima entrada, porque la ley del karma determina muchos de los eventos que suceden en nuestra vida. Para bien y para mal, porque para aprender, debemos conocer los 2 lados.

En todo caso, saber que todos los que estamos acá hemos querido bajar y lo hemos hecho con un plan concreto, que pretendemos realizar. Pero al llegar, un golpe en la nariz nos hace olvidar todo lo que planificamos y es, después, cuando despertamos a la espiritualidad, cuando empezamos a recordar.

El encuentro con la kabalá, que nunca ocurre por casualidad, indica que el ser humano está preparado para empezar el ascenso espiritual, el retorno a nuestro propósito esencial. De ahí este blog y su matriz, para ayudar a recordar.