El despertar espiritual

El despertar espiritual. Imagen obtenida gracias a https://hermandadblanca.org/sintomas-del-despertar-espiritual/
Tiempo de despertar

Cuando uno escribe en un buscador de internet “despertar espiritual”, aparecen millones de resultados que tratan del tema, con entradas a múltiples blogs y sitios web que explican – de distintas maneras – qué es este despertar, qué síntomas permiten detectarlo y cual es el proceso general por el que se suele pasar cuando uno comienza a interesarse por el camino espiritual.

El hecho de que, en la actualidad, internet esté lleno de información sobre este tipo de temas, no es casual. Vivimos, sin duda, tiempos de convulsión espiritual que están provocando cambios en la forma de pensar general y llevando a muchos a modificar su forma y hábitos de vida, en busca de un mundo más sostenible y una existencia más plena.

El despertar espiritual se puede experimentar de formas distintas, no todos seguimos el mismo camino aunque, el final, sea siempre el mismo para todos: la expansión de la conciencia y el reencuentro con el Dios Uno, el hallar el sentido o significado del mundo que Él creó. Junto al ser humano – su obra maestra – que fue ideado con un papel específico a desarrollar: contribuir al desenvolvimiento de la creación, llevándola, como humanidad, a su estado de perfección final.

Al despertar, cada uno debe seguir la senda que considere más adecuada, aquella con la que se identifique más – vía que puede variar a lo largo del proceso de búsqueda, que se inicia cuando uno despierta al mundo espiritual – y continuar, luego, el proceso por aquella que satisfaga sus convicciones más profundas.

En mi caso, la kabalá fue el final de un largo camino. Y, desde que la encontré, sigo en ella – y la recomiendo con firmeza – porque alberga las respuestas a multitud de incógnitas, no resueltas de forma intelectualmente satisfactoria desde otras visiones del universo, hechas desde la Tierra. Pero cada uno debe buscar la vía que considere más adecuada a sus preferencias personales, aunque siempre estar abierto a dejarse seducir por nuevas creencias.

Cuando uno comienza el proceso de despertar, su mundo se pone a temblar, porque todos los parámetros, los valores, las ideas claras, las seguridades…que tuvimos siempre y que, considerábamos, nos iban a acompañar el resto de nuestros días, empiezan a cuestionarse, a debilitarse, a desmoronarse por completo, para dar entrada a una nueva forma de ver la vida, mucho más auténtica y mucho más real.

Por eso se llama “despertar”, porque estamos dejando atrás el estado de sueño en el que habíamos vivido hasta el momento para, ahora, comenzar a descubrir el mundo en su completa realidad.

Si bien todo ser humano viene preparado para, en algún momento de su vida, experimentar este proceso espiritual y, a lo largo de la historia, ha habido muchos que, a nivel individual, lo han alcanzado por vías distintas, la particularidad del momento actual es que, este “despertar”, se está produciendo de manera colectiva y afectando a toda la humanidad. Como, por otra parte, ya visualizó el profeta Daniel en su conocida descripción del fin de los días.

 “Pero los sabios comprenderán que su elevación proviene del Creador, el Árbol de la Vida. Y aquellos que son rectos brillarán como el resplandor del firmamento” (Daniel, 12:3).

También el Zóhar, máximo tratado kabalístico, compara la generación zohariana – que alcanzó el punto máximo de elevación espiritual y reveló grandes secretos de la Torá – con la generación actual, lo que ya fue objeto de tratamiento en otro post anterior.

Los kabalistas actuales consideran que es esta generación la preparada para conocer en profundidad todo el saber que, hasta la fecha, sólo era accesible para los iniciados en algún tipo de esoterismo – los miembros de las logias masónicas o de las órdenes herméticas – o para los judíos estudiosos de la kabalá. Así ha sido durante tantos años de corrección que eran necesarios.

Pero la Kabalá anuncia que este tiempo de corrección está terminando y que es momento de que los saberes ocultos sean revelados al mundo en general, dado que su conocimiento es necesario para que dicha corrección completa pueda llevarse a cabo.

Aunque el camino espiritual deberá, luego, ser transitado por cada uno por la vía que considere más adecuada según su criterio personal, con los consiguientes y progresivos ascensos a niveles de conciencia superiores – el sendero es largo y empinado y con múltiples baches -, a nivel colectivo, será el tránsito del planeta Neptuno por su signo natural, Piscis (2012-2025), el responsable de provocar un fuerte cambio de parámetros en nuestros modelos de pensamiento general. Y el responsable, además, de espolear el despertar espiritual de toda la humanidad.

Dependerá de cuando este planeta toque tu Carta Natal y de lo receptivo que seas a las influencias astrales, para que experimentes este proceso, antes o después, a nivel individual; pero, de forma general, todos los seres humanos deberían haber despertado – entendiéndose por tal el inicio de su proceso de maduración espiritual – antes de que Neptuno concluya su paso por Piscis, esto es, antes del año 2025.

¿y tú? ¿Has despertado ya?

La reencarnación

https://anamariacanseco.com/mario-vannucci-la-reencarnacion/

Oír hablar de reencarnación resulta extraño para las personas educadas en un entorno occidental, tan centrado en el desarrollo del ego y la asimilación con el cuerpo físico. A uno le parece que su cuerpo es uno mismo y se le hace difícil siquiera concebirse sin él o, más incluso, en un cuerpo distinto, siendo una persona diferente y haciendo cosas distintas, a veces opuestas, a las que hoy dominan su vida.

Pues bien, aunque aceptar que nuestra esencia es un alma divina, que ha venido a la Tierra veces diversas, a realizar trabajos concretos o, simplemente, a elevarse a si misma, es una verdad que la kabalá conoce desde el inicio de los tiempos, cuando todo fue revelado. Si bien, es uno de los grandes secretos que no habría de ser conocido hasta el final de los tiempos, dado que desvelar este dato, hubiera podido cambiar los parámetros de los comportamientos de los seres humanos, cuando también era preciso que el ser humano se ocupara de la Tierra y de su avance completo.

La reencarnación de las almas, el gilgul en kabalá, la rueda de las reencarnaciones del esoterismo, es una verdad conocida por todos los iniciados en los saberes ocultos. Si bien, de manera general, este secreto sólo podía ser revelado al final de los tiempos.

Sobre la reencarnación hablan las religiones orientales, pues a la India llegó el hijo de Abraham habido con su esclava egipcia, Agar, el cual fue formado por su padre en las artes intermedias, las de la magia y los planetas. Ellos hablan de la reencarnación incluso en otras especies o formas de existencia, como las piedras. Pero ellos no conocían los grandes secretos, los que se revelan con el estudio de la Kabalá cuyo conocimiento fue reservado a Iztjac, Isaac, el hijo habido por Abraham con su esposa Sara y segundo patriarca del judaísmo.

La Kabalá explica que la reencarnación es un hecho. El trabajo del alma en la Tierra es, o bien corregirse sin más, o bien hacer algún trabajo especial por el bien de la humanidad, porque el alma tiene una luz especial y, a veces, es necesario que bajen almas muy altas para aportar luz a la humanidad.

Ahora bien, aclara Laitman, para la kabalá el ser humano sólo puede reencarnar en otro ser similar y no volver a nacer convertido en animal o en un trozo de tierra.

Esto es así porque el nivel de alma humana – la Neshamá- y en esto me remito a mis post anteriores sobre el alma y sus niveles, sólo puede residir en un ser humano, porque solo nuestro cuerpo físico puede recibir semejante conexión. Es cuestión de alcance. Somos antenas. Y no tiene la misma capacidad de recepción una gran torre eléctrica que la antena de un coche, por ejemplo.

Los animales reciben el alma emocional, la Rúaj, por eso aprenden y desarrollan afectos. Nosotros también la tenemos, más bien, nuestro cuerpo que es animal también, como el de un perro o un ciervo.

Sin embargo el alma humana, la que da su brillo especial a este cuerpo nuestro, la que Dios sopló sobre Adam para que él la inhalara y la que hace que el ser humano deje de ser un simio y se transforme en un ser con conciencia, esa, es la Neshamá, la única que nos permite conectar con los mundos superiores de forma directa.

Laitman aclara que la Neshamá sólo la tienen, en realidad, los seres humanos que han despertado a observar el mundo de otra manera, los iniciados, aquellos que conocen los secretos y buscan a Dios en cada evento. Aunque eso es cierto, es preciso aclarar que todo ser humano lleva esa conexión dentro, que podrá activar cuando la vida le llame a ello. Y el propósito de la vida es que, en algún momento, la activemos.

Y ¿por qué es preciso bajar varias veces a la Tierra y vivir vidas diferentes? Preciso, preciso, no es. Uno puede terminar su trabajo en una sola vida, si se pone a ello. Pero suele ser necesario debido a que, la mayoría de las veces, la gente pierde su vida sin hacer nada útil ni para la sociedad ni para sí mismos. Y mucho menos para Dios, que ni siquiera saben que existe. Ellos viven al margen de Dios y Dios vive al margen de ellos. Una ignorancia mutua, producto del desconocimiento.

El propio Moisés, receptor de la Torá y experto conocedor de los santos saberes, no entró en la Tierra Santa – a pesar de haber liberado a su pueblo y haber abierto el Mar Rojo con su vara – por un pecado que cometió en el manejo de sus poderes. Así que previsible es que, en algún momento, vuelva a reencarnar para completar el trabajo que en su anterior vida comenzó pero que no consiguió materializar de forma completa en el mundo real.

De hecho, las grandes profecías del fin de los tiempos hablan de grandes almas que volverán a bajar en el tramo final para ayudar a la humanidad en este gran trance que vivirá para lograr su despertar. Ya hay grandes kabalistas en torno nuestra. Con enormes conocimientos que no se alcanzan en un único tiempo de vida. Muy posible que alojen almas de mucho peso.

Sobre por que Jesús no habló de ello, a pesar de conocerlo, como experto kabalista que fue desde su adolescencia, sólo se puede decir que no estaba autorizado para ello, no había llegado el tiempo en que tal secreto fuera revelado a todo el pueblo. Seguramente lo habló con Juan, también iniciado y conocedor de los secretos. Pero, todavía, corría la prohibición de revelación de secretos fuera de los círculos de expertos.

El que, desde hace unos años ya, se venga hablando de la reencarnación de forma cada vez más abierta, que la propia ciencia, a través de la psiquiatría, explique que a través de la hipnosis uno puede hacer regresión en el tiempo y llegar a vidas pasadas, antes del nacimiento (véase si no, el libro del prestigioso psiquiatra americano Brian Weiss ), que la kabalá hoy explique abiertamente los nombres a meditar para poder conectar con nuestros anteriores tiempos de vida en la Tierra, que cada vez más la gente empiece a asumir que la vida no sólo se vive una vez…..depende de lo que hagas con ella, es señal inequívoca de que estamos entrando en un tiempo nuevo.

El Apocalipsis de San Juan anunció que, sólo al final de los tiempos, serían rotos los 7 sellos o revelados 7 grandes secretos. El primer secreto revelado es, sin duda, la Reencarnación. Regido por Saturno, su color negro, y dueño de la sefira 3 Bina, donde existe el Olam Habá y señor de los ciclos de vida y muerte sobre la Tierra. Desde esa esfera se decide que nueva alma va a bajar al planeta y para hacer qué, donde va a nacer y de qué medios va a disponer en este tiempo de vida. Véase un extracto de lo que dice Aish Latino al respecto:

De acuerdo al Talmud, en esta fase previa al nacimiento, Dios envía un ángel personal a cada alma que está en el útero, el cual se sienta al lado de nosotros y nos enseña toda la sabiduría que alguna vez necesitaremos en este planeta. Toda.

Y luego… justo antes de nacer… el ángel nos da un “golpecito” entre la nariz y el labio superior, y todo lo que nos enseñó es olvidado de forma inmediata. Así es como todos los seres humanos recibimos esa pequeña indentación en la piel justo por debajo de la nariz, conocida anatómicamente como “surco nasolabial”.

Es ya, después, el nuevo ser el que, sin recordar nada, vuelve a estar aquí para desarrollar una nueva vida. ¿Cumplirá su propósito destinado esta vez o morirá sin saber siquiera para qué vino? Eso depende de él y del aprovechamiento que obtenga de sus talentos.

Lo bueno de estudiar kabalá es que ayuda a recordar eso que el ángel nos hizo olvidar al nacer. Porque al subir a los mundos superiores volvemos a recuperar nuestro ser y nuestro propósito vital. Y siempre es bueno recordar de donde venimos y por qué llegamos en este tiempo actual.

Buena semana y buen mes, después de Yom Kippur, el Día del Perdón y el más sagrado del año para la fe judía. Señala el final de los 10 días de arrepentimiento, que comienzan después de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío. Y todo lo que llega es Nuevo. Así que empecemos con buen pie este año nuevo.

El alma colectiva

El 11 Septiembre 2001 ha quedado marcado en la memoria colectiva

Todos procedemos de un alma única, que fue dividida en muchas partes tras el pecado de Adam. A pesar de la separación en entes distintos, todos podemos percibir esa conexión general que nos hace sentir dolor cuando otro sufre. Por ejemplo: todos lloramos al ver caer las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 o al escuchar en las noticias el atentado de los trenes de Atocha en marzo 2004 en Madrid.

El 11 de marzo 2004 fue el día más trágico de la reciente historia de España

Todos sufrimos cuando vemos a otro sufrir. Más aún, cuando esa persona es cercana a nosotros por lazos familiares y/o afectivos. Pero también cuando vemos sufrir a alguien lejano que, aunque sea en las noticias, llega a nuestra vida. A veces se sufre más con el dolor ajeno – sólo unos padres pueden saber lo que se siente al ver sufrir a un hijo, sea por enfermedad, sea por circunstancias vitales – que con el dolor propio. Aunque cuando llega el dolor inmenso por la pérdida de alguien amado, sólo la certeza de que Dios lo quiso así – por razones que se escapan a nuestro entendimiento – nos permitirán superar la enorme pérdida.

Y es que nadie podrá ser completamente feliz en su vida en la Tierra mientras exista algún ser humano que esté sufriendo en algún lugar del planeta. Y si ese dolor se aproxima, porque nos toca más cerca – al afectar a personas cercanas o con las que sentimos un vínculo especial o a las que conocemos – entonces puede llegar a ser insoportable, por muy bien que nos vaya a nosotros en nuestra vida personal y con independencia de cuán exitosos hayamos sido en nuestra vida hasta el momento.

Porque el alma única sigue existiendo, en el mundo de Arriba, y en ella seguimos todos unidos aunque tengamos la apariencia, en el mundo de abajo, de seres independientes y desvinculados del resto.

De ahí la importancia del principio kabalístico que resume la Torá completa: “Ama al prójimo como a ti mismo”, que predicó de forma contundente Jesús de Nazareth siguiendo las enseñanzas de su maestro, Hillel el Viejo, eminente kabalista de la época . Porque sólo cuando damos tanta importancia al bien del otro, como al nuestro, el mundo empezará a funcionar a otro nivel y se producirá el “upgrade” o salto de grado que requiere la humanidad en estos momentos.

En el trabajo colectivo que nos queda por realizar, tendremos que reconectar con ese alma común, tomar conciencia de la importancia del cuidado de todos los seres humanos que existen sobre el planeta, porque sólo cuando podamos crear un mundo donde todos tengamos cabida en nuestra forma perfecta, podremos alcanzar, como colectivo, el estado final de la creación en el que todo será completo. Cuando todo estará en su sitio, según el plan y el destino marcado y escrito, desde el principio de la creación.

Este alma común, la Jayá, es más elevada que la Neshamá, o alma individual, que también tenemos, a un nivel más bajo que la colectiva, según explicamos en el anterior post del blog – El Alma – y que nos hace desear cosas específicas para nuestra vida individual.

Porque en el alma común del Adam Kadmon u hombre universal, cada uno tenemos nuestro papel en un sitio concreto, cada uno de nosotros somos piezas esenciales del funcionamiento del todo; aunque, para ello, debemos desarrollar aquello para lo que hemos nacido y para lo que hemos bajado a la Tierra en la ocasión actual – en este “life-time” -. Que no es el único “tiempo de vida” que hemos tenido asignado en la Tierra – al menos en la mayor parte de los casos – en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Porque nuestra vida actual responde a un plan, individual o personal, con distintos ámbitos a tratar. Pero también tiene una dimensión colectiva, porque en el plano general – como humanidad – cada uno tenemos nuestro papel y nuestro lugar. Hay 12 signos del Zodíaco, con incontables variantes. No todos hemos nacido para lo mismo, ni nos gustan las mismas cosas, ni somos buenos en lo mismo. Pero todos somos pieza esencial del conjunto total. Que sólo podrá ser compuesto cuando, cada uno, alcance su grado personal de perfección final.

Ese mundo llegará, aunque nadie sabe cual será la fecha concreta en que se desarrollará. Pero sí se conoce la fecha tope o final para que este cambio general se haya producido en su totalidad que se cumplirá, según la kabalá, 6.000 años después de la creación de Adam. Dado que Adam fue creado, según los sabios judíos, en el 3.761 a C, tenemos de plazo hasta el 2.237 para que todo ocurra. Pero, de aquí a entonces, será el grado de evolución de la humanidad – que despertemos antes o después al nuevo entendimiento del mundo- lo que determinará el momento concreto en que la fase final se desplegará; todo apunta a que será la generación actual la que vivirá el despertar general de la humanidad.

Véase, si no, lo que dice al respecto la astrología kabalística, cumpliendo las profecías del profeta Daniel sobre el Fin de los Tiempos cuando cada ser humano brillará con su Luz esencial, igual que las estrellas en el firmamento.

“Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad.”

Daniel 12:3

La clave es ser tú mismo, el ser que has venido a ser, cumpliendo tu papel en el engranaje colectivo del que todos formamos parte. Porque uno, sin los demás, no puede vivir. Pero tampoco ocupando, o poseyendo, lo que no es suyo o lo que no le pertenece.

Cada uno tenemos nuestra vida y nuestros medios o talentos asignados para cumplir nuestro papel.

Si no tienes algo en este momento, es porque no lo necesitas. Lo que es tuyo, lo que se te da, eso, debe ser utilizado en tu crecimiento personal y, sobre todo, en el desarrollo de la humanidad. No perdamos esta perspectiva global porque, sin ella, el ser humano sólo ve una pequeña parte de su ser completo, que ahora tendrá que desplegar para mostrar todo su potencial.

El alma

El alma es la conexión con el mundo Superior
Las 5 partes del alma

La Kabalá distingue 5 niveles o 5 partes del alma, aunque no todas están siempre activas en los humanos.

Sólo 2 operan en modo de piloto automático, las 2 más bajas (la instintiva y la emocional).

Los 3 niveles superiores, en cambio, tienen que alcanzarse, hay que subir hasta ellos y, para eso, es preciso hacer algún trabajo de corrección previo.

Nefesh, el alma instintiva

El nivel de alma más bajo se corresponde con la sefirá 10 Maljut – Mundo Físico o Asiyá –  y se llama Nefesh; es el alma puramente instintiva, animal o vital, que lleva ínsita todo ser vivo en la Tierra y que da vida biológica a los cuerpos físicos. Nefesh es el alma como motor de la vida física, según se explica en Jabad.

La Nefesh es el alma Vital, la que permite el desarrollo de la vida en nuestro entorno

Sus sensores, en el cuerpo humano, son nuestros 5 sentidos, a través de los cuales percibimos el mundo que nos rodea (la Tierra y la Creación en general). Este alma primera, la Nefesh o puramente animal, se introduce en los cuerpos físicos en el momento de la concepción y nos permite desenvolvernos de forma adecuada en la Naturaleza.

La Rúaj, el alma emocional

En un grado superior, que corresponde al 2º mundo en orden ascendente, el mundo de Yetzirá o mundo de la formación – llamado así porque en él toma forma nuestra realidad – está la Rúaj, el alma emocional, responsable, como su nombre indica, de las emociones. La tienen los animales en general y todo ser humano que habita en la Tierra.

El mundo animal posee la Rúaj, alma emocional, que se rige por la astrología

La Rúaj o alma emocional, es la que se rige por las energías astrológicas que se reciben en la Tierra. Es el ZA (Zeir Anpin, o 6 planetas intermedios que regulan nuestro mundo emocional). Es el escalón previo al mundo físico, donde la realidad toma forma, porque nuestra realidad actual se define por nuestras emociones pasadas, igual que las emociones actuales formarán nuestro futuro.

La Rúaj define las emociones del ser humano y del mundo animal. En este nivel somos completamente egoístas, tal y como fuimos creados. Es el mundo de los deseos y las sensaciones. Pero también es en este nivel donde debemos trabajar en nuestra corrección y desde donde podemos adquirir el alma Superior, la Neshamá, el atributo de Adam (el ser humano corregido y conectado con su fuente esencial y, en realidad, el alma colectiva de la humanidad).

La Neshamá, la conexión con Dios

En la sefirá 3 Biná radica la Neshamá, el alma individual. La Neshamá es el alma personal de cada ser humano que existe, en su forma perfecta, en el mundo de Beriá. Su naturaleza es espiritual y, a su través, el ser humano puede conectar con El Creador. 

En el hombre normal, la Neshamá se manifiesta como capacidad mental, es el alma que nos da capacidad de pensar y salir de nuestros límites físico-temporales para ir más allá de lo que el mero mundo físico nos puede proporcionar.

Es sólo tras la creación de Adam (3.761 a.C), inicio del cómputo del tiempo para el judaísmo, cuando el ser humano recibe – o alcanza – esa conexión superior, el alma espiritual, la única que permite al hombre conectar con los niveles superiores del Árbol de la Vida y que puso en marcha el Plan de la creación que nos relata la Kabalá.

Neshamá en imagen de https://center-for-tanakh-based-studies.com/2015/03/01/the-anatomy-of-the-human-soul-part-2-neshamah/
…. y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente (Génesis 2:3)

Dios tuvo razones importantes para crear a Adam, la principal poder unir los 2 mundos – el mundo espiritual y el mundo material – en una única creación. Un mundo donde conviven bien y mal pero donde el bien terminará por prevalecer en el estadio último de la creación, según el ser humano se vaya acercando a la corrección final.

Cuando se habla del “alma” nos referimos a este nivel, la Neshamá, que es la particularidad del ser humano de la creación adámica y del pueblo de Israel, el hombre iniciado. Sin embargo, en condiciones normales, este alma no es percibida por el individuo en modo alguno, según explica el Rav. Laitman, sino como un pequeño punto en el corazón que se siente como deficiencia, incomodidad, falta de algo.

Pero es a partir de ese punto desde donde el alma completa se puede desarrollar, aunque es preciso un trabajo gradual, igual que un bebé necesita un proceso de crecimiento para convertirse en adulto. El crecimiento espiritual va produciendo un cambio en los deseos en la persona que, poco a poco, va adquiriendo la cualidad de otorgar – la única que posee El Creador y que no posee el ser humano al nacer quien, creado como un completo egoísta, sólo desea recibir y satisfacer sus deseos hasta que conecta con Dios.

Estos 3 niveles de alma se introducen en el ser humano. Los 2 niveles superiores, en cambio, son externos a nosotros, nos envuelven. Aunque igualmente nos afectan y podemos incidir en ellos. Son llamados “envolturas”, sólo vemos su reflejo cuando se capta desde la Sefirá 3 Biná.

Jayá, el alma colectiva

Jayá es el nivel de alma que se corresponde con el nivel de conciencia de la Sefirá 2 Jocmá. Tiene carácter colectivo, esto es, está por encima del pensamiento individual, existe fuera de la mente. Pertenece al mundo de Atzilut, el más elevado de los 4 mundos que conforman nuestro universo y el nivel en el que el ser humano se sumerge en Dios y tiene acceso a la Sabiduría esencial o Luz de Jojmá.

Este alma no se introduce en nosotros sino que es externa, esto es, nos envuelve cuando alcanzamos este nivel, nos permite sumergimos en ella para participar de sus atributos. Conectamos con esta energía a través del Micvé o baño ritual que se practica entre los judíos. También, según la kabalá meditativa o mística, podemos acceder a ella a través de la meditación de las letras hebreas y los nombres de Dios.

https://www.kabbalahmashiah.com/es/kabbalahmashiah_meditacion.php

La Jayá es el 2º nivel de alma más cercano a Dios. Explica la kabalá que este nivel sólo fue alcanzado de forma colectiva durante la época del 2º Templo. Curiosamente fue, precisamente, el tiempo en que Jesús predicó la Palabra, tiempo de máxima elevación espiritual antes del Fin de los tiempos, cuando esa nivel se alcanzará de forma colectiva de nuevo.

La Yejidá, el Espíritu Santo

Por último el 5º nivel, es la Yejidá, el nivel de alma que corresponde a la sefirá 1 Keter. La Yejidá es el alma más elevada que se encuentra en nuestro mundo, también nombrada como Aliento de Dios o Espíritu Santo; es el alma del Mashiaj, un alma que envuelve al mundo completo. sería la propia alma del Dios Uno, que está más allá de nuestro Universo.

También se dice de ella que es la Luz Directa (Or Yashar). Contiene todo lo que fue, es y será, esto es, la Sabiduría, el Entendimiento y el Conocimiento, aunque es anterior a todos ellos. Este nivel sólo ha sido alcanzado, hasta el momento, por Yeshúa Hamasiaj, Jesús de Nazareth en su papel mesiánico.